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San Isidoro, Casa del Parlamentarismo Europeo

En la primavera de 1188, Alfonso IX, rey privativo de León, convocaba una Curia Regia en el marco de la mirífica iglesia legionense, - hoy Basílica Colegiata -, de San Isidoro. A esta asamblea acudían las representaciones del clero y la nobleza, y, por primera vez en la Historia, asistían también los representantes de las ciudades, es decir, los “ciues electti” o, dicho de otro modo, el estado llano, esto es, el pueblo, un hecho que confirma el propio texto de la denominada Carta Magna Leonesa, que comienza de este tenor: “En el nombre de Dios. Yo Don Alfonso, rey de León y Galicia, habiendo celebrado curia en León, con el arzobispo [de Santiago de Compostela, Pedro Suárez] y los obispos y los magnates de mi reino y con los ciudadanos elegidos de cada una de las ciudades, establecí y confirmé bajo juramento que a todos los de mi reino, tanto clérigos como laicos, les respetaría las buenas costumbres que tienen establecidas por mis antecesores”.

            La Curia Regia de 1188 está considerada “el precedente institucional más cercano de las Cortes”. Allí, nacieron los “Decreta”, conjunto normativo donde brilla con luz propia la protección de la persona y sus bienes ante el abuso de poder. Los derechos, preceptos, garantías y libertades que alientan sus contenidos, obligan al escrupuloso cumplimiento de la ley a todos los estamentos sociales, desde el mismo monarca hasta el último de los ciudadanos. Y tanto es así, que el citado texto legislativo recoge la promesa del mismo Alfonso IX de no hacer “guerra ni paz ni pacto a no ser con el consejo de los obispos, nobles y hombres buenos, por cuyo consejo debo regirme”.

            Desde 1988, un monolito colocado en el claustro conventual de la citada Basílica Colegiata del Doctor de las Españas, testimonia el acta del parlamentarismo que acreditan los “Decreta” de León de 1188, los cuales determinan una forma de gobierno que, tal como concluye textualmente la señalada Carta Magna, “también prometieron todos los obispos, y todos los caballeros y los ciudadanos confirmaron con juramento, ser fieles en mi consejo, a fin de mantener la justicia y conservar la paz en mi reino”.

            Para quien busque una base explicativa a los orígenes de esta Curia Regia, anotemos concisamente que la inestabilidad social, los continuos enfrentamientos con castellanos, almohades y portugueses, las numerosas dificultades económicas, las lealtades interesadas, así como las apetencias sucesorias de su madrastra, Urraca López de Haro, en favor de su hijo, el infante Sancho Fernández, en suma, la angustiosa y abrumadora herencia recibida por Alfonso IX, que apenas contaba 16 años cuando llegó al trono, determinaron en el ánimo del monarca leonés la convocatoria de la Curia Regia Leonesa de 1188, concilium regis que recondujo felizmente la situación imperante y propició, como quedó dicho, la entrada de la burguesía en la citada Curia, desde entonces, uno de los sectores representativos del reino, y cuya presencia, dado su pujante protagonismo y su creciente afianzamiento en la actividad económica, además de resultar manifiestamente determinante, hizo posible la aparición de dos nuevas figuras jurídicas: procuradores y pesquisidores,

            Ciertamente, el reino de León es el precursor europeo en esta clase de asambleas.  En Alemania, la burguesía hizo acto de presencia en la Dieta en 1232. En Inglaterra, el estamento popular alcanzó representación en el Parlamento por primera vez en 1265, y en Francia, 114 años más tarde, en 1302.

            El pasado 18 de junio, la UNESCO ha otorgado a las Cortes de Alfonso IX de 1188 el título de “Memoria del Mundo”, un justísimo reconocimiento oficial que se compendia en esta honrosísima titulatura: “León, cuna del parlamentarismo”.

 

En conclusión, las disposiciones curiales de León de 1188, dadas sus singulares resonancias legislativas, a la vez que aseguraron nuevas normas de convivencia y entendimiento, dispusieron una sólida base para la consolidación del Estado de Derecho.